CUANDO LA TRISTEZA











Cuando la tristeza abraza no hay nada que hacer. Solo dejarla estar. Al lado. Adentro.
Cuando la tristeza llega, ya no hay más vacío. Cubre todo. Se anida en los huecos del cuerpo. Cuando es profunda y se combina con la angustia, los nudos se desatan, el llanto desborda. No hay consuelo. No hay caricia que detenga el torrente que empuja por salir.

Una buena canción triste, lenta, sólo de guitarras.
Un vaso de vino, y llorar sobre el sillón naranja. Dejarse abarcar.

No hay culpables. O sí. Es difícil enfocar. Se multiplican. Se reducen. A la vez. Hasta quedar solo.
El pasado. El presente. El futuro. Se confunden. Y se funden.

Cuando hay tristeza, no hay nada más.
Al menos por un rato.
Fotografía: Sebastian Holz
Texto: Verónica Mc Loughlin




ANONIMOS

¿Quiénes son? ¿Dos hombres y dos mujeres? ¿3 hombres y una mujer? ¿3 mujeres y 1 hombre? ¿Cómo se llaman? ¿Cuántos años tienen? ¿Qué están haciendo? ¿Están de pie o sentados? ¿Dónde están? ¿Qué hora es? ¿Están o transitan? ¿Permanecen o pasan? ¿Viajan? ¿A dónde? ¿Van a trabajar? ¿Vuelven? ¿Están apurados? ¿Tienen trabajo? ¿A qué se dedican? ¿Les gusta lo que hacen? ¿Pertenecen a ese lugar? ¿Quieren ir adonde van? ¿Llevan algo con ellos? ¿Están ansiosos, nerviosos, preocupados? ¿Se conocen entre sí? ¿Hacen fila? ¿O se acomodan azarosamente? ¿Esperan? ¿Qué esperan? ¿A alguien? ¿A algo? ¿Tienen algo para dar? ¿Qué anhelan? ¿En qué piensan? ¿Les duele algo? ¿Les pica alguna parte del cuerpo? ¿Están enteros? ¿Están incómodos? ¿Quieren irse? ¿Tienen hambre? ¿Sed? ¿Frío? ¿Quieren tocarse? ¿Abrazarse? ¿A qué huelen? ¿Dicen algo? ¿En qué idioma hablan? ¿Pueden dormir por la noche? ¿Sueñan? ¿Tienen amigos, familia, hijos? ¿Tienen dinero? ¿En qué banco tienen cuenta? ¿Los agarro el corralito? ¿A quién votaron? ¿Son claustrofóbicos, xenófobos, depresivos, obsesivos, neuróticos, mitómanos? ¿Son casados, separados, viudos, solteros, concubinos? ¿Aman? ¿Amaron alguna vez? ¿Los abandonaron? ¿Quieren vengarse, lastimar a alguien? ¿Son asesinos? ¿Ladrones? ¿Corruptos? ¿Cuándo fue la última vez que se bañaron? ¿Tienen un hobbie? ¿Hacen deporte? ¿Abortaron? ¿Son heterosexuales? ¿Son infieles? ¿Se pintan las uñas? ¿Viven solos? ¿Son felices? ¿Cumplieron algún sueño? ¿De qué nacionalidad son? ¿Dónde viven? ¿Sufrieron alguna operación? ¿Padecen de alguna enfermedad? ¿Se hacen chequeos habitualmente? ¿Tienen obra social? ¿Seguro de vida? ¿Se psicoanalizan? ¿Fuman? ¿Beben? ¿Se drogan? ¿Guardan algún secreto? ¿Salieron del país? ¿Tiene alguna causa penal? ¿Qué música escuchan? ¿Tocan algún instrumento? ¿Cuál? ¿Son sordos, mudos, ciegos, paralíticos, amnésicos, retardados? ¿Cuánto calzan? ¿Por qué visten de negro? ¿Son religiosos? ¿Creen en Dios? ¿Son mormones? ¿Acaso participan de un velatorio? ¿Quién ha muerto? ¿Lo conocen? ¿Sonríen? ¿Lloran? ¿Están compungidos? ¿Están cansados? ¿Fueron torturados? ¿Tienen celular? ¿Cuál es su número de teléfono? ¿Y su e-mail? ¿Saben computación? ¿Tienen banda ancha? ¿Están colgados del cable? ¿Cuál es su programa de televisión favorito? ¿Escuchan la radio? ¿Saben cocinar? ¿Qué les gusta comer? ¿Son vegetarianos? ¿Reciclan la basura? ¿Tienen algún tipo de alergia? ¿Toman mate, té, café? ¿Hacen dieta? ¿Van al gimnasio? ¿Qué diario leen? ¿Saben leer? ¿A qué escuela fueron? ¿De qué cuadro de fútbol son? ¿Cuándo cumplen años? ¿De qué signo son? ¿Son todos blancos? ¿Usan anteojos? ¿Llevan sombrero? ¿Riegan las plantas? ¿Saben que están siendo fotografiados? ¿Están posando? ¿Quién sacó la foto? ¿Para qué? ¿Por qué me pregunto todo esto? ¿De qué me sirve? ¿Alguien puede responder estas preguntas?

Fotografía: Santiago Serret
Texto: Verónica Mc Loughlin

ABRIR


Qué buena amiga que soy de mí. Soy mi mejor amiga. Tanto, que hoy lo pasé conmigo. Festeje todo el día junto a mi propia compañía. Me levanté y me preparé el desayuno que quería tomar, me compré el diario que quería leer, me ayudé a terminar el trabajo que tenía que entregar, atendí mis llamadas, me reí, elegí la música que quería escuchar, leí el libro que había postergado, me preparé la comida que deseaba comer, me ocupé de mí.
Y no fue fácil entablar esta amistad. Casi 30 años me llevó aceptarme, comprenderme, mirarme y elegirme. Hubo tiempo en el que llegué a no dirigirme la palabra. Y hasta hubo veces, por suerte fueron pocas, en las que me dejé plantada. Pero la vez que más me enojé conmigo fue el día que me olvidé de mi cumpleaños. Fue terrible. Había prometido hacerme una torta, y lo olvidé también. Me sentí muy mal cuando lo recordé, pero ya era tarde, el día había pasado, y el error estaba cometido. Me pedí disculpas, me arrodillé, supliqué, y juré que nunca más me sucedería. Tardé mucho en reconciliarme. Finalmente lo hice. Es que no puedo estar demasiado tiempo enojada conmigo. Es incómodo. Cuando me sucede, no puedo dormir, no puedo comer, no puedo trabajar apropiadamente. Y menos, escribir.
Pero sigo trabajando día a día para mejorar mi relación conmigo. Es que soy difícil. Lo reconozco. Me contradigo, me traiciono, me peleo, me postergo, no me dedico tiempo.
Igual ahora estoy mejor que antes. Puedo conversar conmigo y si me interrumpo, no me molesta tanto. Además me gusta hacer muchas cosas y puedo realizarlas junto a mí, no me desconcentro ni me boicoteo.
Hace un tiempo me empecé a dar gustos, también. Me preparo cosas ricas para comer. Me compro golosinas. Me hago regalos. Me escucho más.
Y me perdí el miedo. Sí, eso. Lo que realmente concretó esta relación es que me perdí el miedo. Porque me conocí más.
Lo más lindo que viví conmigo, fue hace poco. Me tocó atravesar una situación muy dura, muy difícil. Muy triste. Y conté conmigo. No me abandoné. Me di ánimo. Me contuve. Me aconsejé. Y esto me unió definitivamente a mí.
Lo cierto es que me gusta mucho estar conmigo. Me llevo muy bien. Me divierto. Me río. Lloro. Me puedo decir cualquier cosa. Me ayudo.
¡Feliz día para mí! ¡Muy feliz día!
Y feliz día para vos también. Porque desde que me quiero tanto, te quiero mucho más a vos. Porque estoy entera para quererte, porque tengo más energía para acompañarte, porque tengo más amor para darte, porque tengo menos problemas con los que afligirte.
Porque no estoy sola, estoy conmigo.

Fotografía y texto: Verónica Mc Loughlin

Soñé que soñaba


Soñé que dibujaba algo parecido a esto. Soñé que te soñaba. Me desperté y te encuentro. Soñé que había gente y esa gente no miraba. Soñé que era mentira. La realidad pasaba. Y la verdad... no se qué soñaba.


Fotografía: Verónica Mc Loughlin
Texto: Santiago Serret

S/T


Shhh...
Cómo escribir sobre el silencio.
Si describirlo es quebrarlo.
Si las palabras suenan y lo interrumpen.
Escribir sobre él es destruirlo.
Shhh...
Callar para que exista.
Simplemente dejarlo existir. Y disfrutarlo.

Fotografía: Santiago Serret
Texto: Verónica Mc Loughlin

BLANCANIEVES

Había una vez, una mujer que corría.
No se detenía. Corría sin parar. No miraba atrás. No quería.
La alcanzaban.
Lograba escabullirse, se escondía en huecos que encontraba.
Corría y no miraba atrás. Tenía miedo. No se daba cuenta pero tenía miedo.
Atravesaba el bosque. Uno, dos, tres mil árboles.
Llegó a un claro… Y la oscuridad la cegó.
La noche aplastó su cuerpo blanco. Apagó su claridad. Y la invitó a dormir.

Y entonces se detuvo. Y el tiempo con ella. Un hueco en el reloj.

Y apareció él en el medio del campo. La encontró entre arbustos. Dormida.
Y el silencio. Y la brisa. La respiración de Dios.
Se acercó a su cuerpo pequeño. La observó. Tan rígida, tan blanca. Inerte entre la hierba. No podía contener sus ojos. Y el tiempo no existía. El paisaje congelado era el único testigo de aquel encuentro.
Y Dios, que dejó de respirar.

Se acercó a ella. Sonrío. Dulcemente. Con cuidado de no despertarla.
Se arrodilló a su lado. Inclinó su cabeza y apoyó sus labios finos. Temerosos de su boca que lo invitaba desde las profundidades del sueño.
Sintió su aliento. Su aire saliendo de su cuerpo. Y quiso compartirlo. Sorberlo por un instante.
Y entonces, el beso. Un labio sobre otro. El calor sobre el frío. La vida sobre la muerte. Imperceptiblemente.
Y la brisa, y el tiempo y Dios.

Y ella despertó. Sus ojos se abrieron sin esfuerzo. Su rostro. La luz. Se activó su sangre que volvió a recorrerla. Y sintió su paso dentro de ella. Y a lo lejos, un latido. Y esos ojos que miraban, iluminando su mirada. Se reflejó en ellos. Y se encontró con sus ojos en ese mismo reflejo. Una imagen infinita.

Despertó y fue mujer, pequeña y frágil.
El sol empujó a la noche.
El tiempo otra vez, invadiéndolo todo.

La brisa se hizo intensa. Y se llevó su imagen. La de él. Y con ella su reflejo. El de ella. Hasta que lo absorvió el bosque. La brisa borró su rastro. Dios era su cómplice.

Y ella sonreía.
El ya no estaba, pero siempre estaría. En sus ojos.
Le dio luz a su noche, le devolvió la mirada, el brillo a sus pupilas.
Regresó su reflejo que había huído de ella hacía mucho.

Y el tiempo, se transformó en hoy.

Fotografía: Edward Weston
Texto: Verónica Mc Loughlin

AZUL

Cierro los ojos.
Y es azul.

Floto blanda. Mullida. Agradable.
Me dejo hundir. Sonriendo.
Me suelto.
La lógica muta.
Abro el pecho. Suspiro.
Algo late.
Me río.
Toco suave.
Y sueno también.
Es un vals
No.

Tarareo.
Canto.
Rasgo.
Golpeo.
Es un rock
No.
Parece.
Me gusta.
Me muevo.
Caóticamente orgánica.
Sigo mi propio ritmo.
Bailo indefinidamente.
Me sacudo.
Me despeino.
Me sujeto.
Me arqueo.
Me estremezco.
Grito.



Abro los ojos.
Y es azul.
Fotografía y texto: Verónica Mc Loughlin

NIÑO MIRA EL MUNDO DESDE EL MURO

Una foto con luz, parte de una muralla y una escalera al cielo que da a un mirador.
La luz en esos muros es magia. Sí. En toda esa muralla, que es bastante larga: la más larga que existe en todo el mundo moderno, de la época romana. El casco antiguo por partes. Por los ataques.
Se cuidaba lo religioso aunque asesino, la búsqueda de la divinidad y la muerte. Se construía hacia arriba para protegerse de los de abajo.
Hay un arbolito, que no se ve, contra el muro.

Lo recuerda de su anterior visita. Había crecido y lo emocionó eso. El también había crecido. Y lloró. Nadie lo vio. Se refugió en el muro.
Había crecido mucho.

Y ese arbolito seguía siendo arbolito pese a los 4 años que pasaron. Creció mucho pero aún era arbolito.
Como siempre. Como todos. Sí.

Ese muro, testigo mudo de la humanidad y de él en esos días. Y así uno se convierte en humanidad.
Aunque no, no es mudo. Esas piedras hablan. Como los árboles.
Se abren, persiguen, no dejan escapar.
Quizá sea bueno no escaparse nunca.
Poder vivir como extranjero en uno mismo, tan abierto, tan permeable.

El escucha entre las grietas y esos gritos lo dejan sordo.
Mucha sangre pasó por ahí, mucho esclavo, mucho rey, mucha infancia y mucho hambre.
Hay momentos en que el mundo, la historia, duele tanto que se vuelve insoportable, y a la vez, es hermoso. Vivir en permanente estado de memoria, sensible y viendo la luz a pesar de todo.
El niño mira el mundo desde el muro.
De pie sobre la pared. Pantalón corto, zapatos de cuero y trapos atados en sus rodillas que cubren viejas lastimaduras. Es largo y torpe y se cae a menudo. Está sucio de treparse. Tiene ojos claros y la luz que ve desde el muro, se le refleja en su mirada.
Sube allí para tocar el laúd. Era de su abuelo. Toca de oído. Lo toca mal pero él cree en esa música. Lo calma, lo transporta. Por eso sólo lo toca cuando no hay nadie cerca. Ese muro es su refugio.

Texto: Veronica Mc Loughlin

FIESTA

Desde la baranda de la terraza veo a la multitud dispersa. Divididos en grupos, cada uno con su vaso de cerveza en la mano, parecen divertirse.
La noche es clara y calurosa.
La música suena no muy alta. Pop inglés primero, flamenco luego. No parece haber un criterio claro en la musicalización de la “fiesta”. O quizá sí: la opción shuffle del programa de computadora que almacena y reproduce el sonido. Pero a nadie parece molestarle esto, al contrario, coincide con el estilo de los participantes, con su vestuario, con sus peinados, con la estética general. Impera cierto aire de libertad, de openmind: una mezcla entre el hippismo de los 60, algo tecno de los 80 y el innegable vacío de los 90. Supongo que esto es el siglo XXI, sin autos que vuelan, ni trajes metalizados, como veíamos en las películas futuristas que anunciaban la nueva era.
Fiesta. Qué concepto extraño. ¿Qué es una fiesta? Claramente esta reunión no lo es para mí.
La música no está lo suficientemente alta como para invitar a bailar, ni los ritmos que suenan son pegadizos. Pero tampoco es cómodo mantener conversaciones con quienes están cerca. Hay que elevar bastante el tono de voz para lograrlo. Sumado a que, excepto algunos afortunados que pudimos sentarnos en la baranda, todos los demás, transcurren de pie.
La mayoría de los invitados no baila. Como dije antes, se dispersan en grupos y no veo demasiadas conversaciones. Sí puedo decir que dispuestos en ronda, se mueven mínimamente al compás de la música, y de vez en cuando emiten algunos comentarios. Pero no parecen incómodos. No. Todos sonríen, lucen placenteros, disfrutando. No encuentro a otro, como yo, apartado de la reunión sacando conclusiones disparatadas de lo que se vive en este momento.
Esto es lo que me hace escribir. ¿Por qué no puedo divertirme como los demás? ¿Qué es lo que hace que esto no signifique una Fiesta para mí?
Sí, es cierto, no conozco a demasiadas personas aquí, pero sin embargo no me dan ganas de conversar con los pocos conocidos. Ni con los extraños. Tampoco a nadie se le ocurre conversar conmigo, ya que sigo sola, sentada en la baranda, con mi vaso de cerveza y mi cigarrillo.
Decido escabullirme por entre la gente, alcanzo mi cartera y mi abrigo y salgo de allí, sin despedirme de nadie. Detengo el primer taxi que encuentro y huyo hacia mi departamento, a mi computadora, a organizar mi fiesta, la de la escritura, en la soledad de mi casa.
Marguerite Duras dice que nunca se sabe qué es lo que se va a escribir antes de hacerlo, y que eso es lo que hace maravilloso al acto de la escritura. Ya que si lo supiéramos con anterioridad, entonces no lo haríamos.
No sabia qué era lo que iba a escribir, pero notoriamente necesité preguntarme qué es una fiesta para mí. Ni siquiera puedo analizarlo desde un punto de vista generacional. Mis amigos se divierten, soy yo la que no encuentro diversión en eso. Y me castigo por ello. Me reto, me repruebo.
No me considero una persona poco sociable. Tengo muchos amigos, me gusta salir, ir al teatro, al cine, a conciertos, a exposiciones, a jugar al pool, al ping pong, al bowling. Me divierto con el “dígalo con mímica” con el Pictionary, con el TEG, con los naipes, con los dados, con el Scrabel. Me agradan las intensas conversaciones sobre política, arte, actualidad, fútbol…
Me sucede que cuando me reúno con otros, me interesa hacer algo.
Me aburre la nada. El sinsentido.
Es un problema, lo se. Pero necesito un objetivo, un algo que hacer, un entretenimiento. No me alcanza “estar en una situación”, ser parte del decorado de la diversión.
Necesito divertirme. De verdad. Reirme mucho. O estar completamente entretenida, de manera que no pueda detenerme a cavilar demasiado sobre lo que está sucediendo. También me sucede que ninguna sustancia, con excepción del tabaco, me ayuda a incluirme en el mundo de la nada. No me atraen las drogas, el alcohol en exceso me descompone, la marihuana me duerme. Por lo tanto no tengo aliados. No puedo evadirme.
Necesito realidad. Plena.
O ficción. Plena.
Y ya que la primera no me satisface, me entrego a la segunda.
Y por eso escribo.
Fotografía: Santiago Serret
Texto: Verónica Mc Loughlin

LIQUIDO

Tenía un punto negro en la planta del pie izquierdo.
No dejaba de mirarlo. Cuando dormía.
Acurrucada. Abrazaba mis piernas.
Su cuerpo flaco en esa cama fría.
Tomaba té amargo. Y caliente.
Se movió. Dijo algo que no entendí.
Nunca lo entiendo. Cuando habla lo escucho. Pero me da vergüenza. Dice cosas que no cree…
Me gustaba mirarlo.
Pero ahora sólo recuerdo ese punto negro. La sangre quedo ahí. Nunca salió.
La gente sangra. El no. No chorrea. No pierde. Todo está ahí. Contenido.
No quiero mirar más ese punto negro. Quiero salir. Al mar. En barco.
Cuando mis abuelos vinieron, en realidad querían llegar a Norteamérica, pero se equivocaron de barco. Por el apuro…
Y a mi bisabuelo le escribieron mal el apellido. Era con A en el medio y lo escribieron sin la A. Perdió todo en ese viaje. Hasta la A del apellido.
Quiero matarlo. Y lo veo dormir. Lo miro con calma. Pero no tengo calma. Quiero clavarle un cuchillo. Quiero hacerlo sangrar. Chorrear. Gotear. Que salpique. Pincharlo y que derrame. Que pierda. Hasta que se seque.
El amor es líquido. Si lo exprimo, se acaba.
Y luego, al mar.
Y no sangra.
Y no podré amarlo.
Mi amor es mientras sangra. Cuando deja de sangrar, se seca.
Pincharlo, horadarlo, lastimarlo.
Pero sigue ahí. Duerme. Respira y no sangra.
Yo sangro. Por él. Por su vacío. Por su falta de irrigación.
Un amor con fecha de vencimiento.
La sangre se agota.
5 litros de amor.
¿Cuánto tarda un cuerpo en desangrarse?
Según la herida.
Mi herida era enorme.
Yo me desangraba. Yo perdía.
Estaba dispuesta. Pero con él.
Sangrar juntos.
Es imposible sangrar juntos.
Para hacerte sangrar no debo amarte.
Para clavar un cuchillo necesito fuerza. Mi sangre corre. Y me debilito.
Y aunque los dos estuviésemos heridos, sangrando por el otro, alguno taparía la herida ajena.
Y ahí se hundiría.
Directo al mar.
Ahí lo pensé.
No sangraría. Ese corazón no irrigaría nunca para mí.
Detenerlo.
Sin esfuerzo.
Llenarlo de agua.
Ahogarlo sin hundirlo.
Llenarlo de mi.
Como sangrar juntos.
Envenenado de amor.

Fotografía: Lina Etxesuri
Texto: Verónica Mc Loughlin

PAVADAS

Ana, al alba, va a la playa, avanza hasta alcanzar la alta rambla, aparca la chata, baja la carpa. Acampa.
Agarra la caña para atrapar algas. Al amarrarlas, arma vastas canastas para la zafra. Las da baratas a las camaradas.
Ana trabaja a la mañana.

Al pasar la mañana va a al tabacal para talar cañas. Las amarra. Arma balsas. Las arrastra hasta la chata, las traba, las traslada hasta la casa naval. Llama al capataz, Alan.
Ana da las balsas armadas a Alan. Alan da plata a Ana. Mas la plata alcanza para nada.
Ana agrada a Alan. La alcanza hasta la valla, la abraza, mas Ana ama a Adán.
Ana va a la chata aparcada. La valla la atasca, Ana baja para sacar la valla, Alan agarra la chata, la arranca, da marcha atrás, la saca. Llama a Ana. Ana avanza hasta la chata. “Hasta mañana.”

Ana va a la casa, a trabajar la granja llamada “La alhambra”. Hacha al jacarandá, raja las ramas. Aparta al panal. Agarra la pala, la azada, ara la Pachamama, la aplana, transplanta al azahar, saca las plagas. Las arañas masacran las plantas. La gata “Batata”, sagrada para Ana, las atrapa, las aplasta, las masca, mas las ratas dañan la panza a Batata. Ana, para salvarla, arma trampas para ratas.

Las vacas pastan más allá. Al bajar la barranca. Ana jala las largas mamas a las cabras para sacar nata.
Ana ama la nata a la mañana.

Tras la casa, Ana halla paltas, calabazas, papas, naranjas, manzanas, bananas, papayas, ananás, albahaca.
Ana manda cajas a la mamá, a La Pampa. Manda albahaca, pasas, pan. Arma la caja, la lacra, la talla. La tapa tallada aclama “Para la amada mamá, Ana”.
La caja mandada, tarda. La tardanza alarma a la mamá. Llama a Ana. “Ya va, ya va” la calma Ana.
La mamá da castañas a Ana.
Ana asa las castañas. Arma tartas amargas. Amasa la masa. Raya naranjas. La cáscara.
Lava las manzanas, las asa. Ama las manzanas asadas.
Para parrandas, Ana mata a las vacas para asarlas a las brasas. Aparta la grasa, sala la carnaza. Salada, salada. Aplasta las papas, las calabazas, las paltas. Llama a Clara, a Aldana, a Gra, a Anamá. Tragan flan. Arman la canasta. Ana baraja las cartas, da, baja canasta tras canasta. Gana. Mala racha para las damas.

La mamá llama a Ana cada mañana. Hablan. La mamá ama a Ana.
La mamá, llamada Marta, la manda a Paraná a nadar. Nadar sana a Ana. Da paz, calma. Ana trama: “La nafta hasta la parada… cara. ¿Pagar la lancha?” Faltan ganas a Ana para Paraná. Falta plata. Ana clama: “Basta mamá.” La mamá avasalla: “Pará Ana ¿Vas a trabajar?” Ana habla: “A lavar las sábanas, mamá. Hasta mañana”. “Hasta mañana, Ana.”

Ana agarra la tabla. Lava las sábanas Graffa, las frazadas rayadas, la falda naranja, la casaca parda, las calzas largas, las bragas manchadas. Las blancas, apartadas, a la palangana, para aclararlas. “Ala” nada aclara. Patrañas. Pasa lavanda a las mantas, para agradar más. Tras la lavada, las agarra a la baranda.

Ana arma anagramas: radar, salas, rasar, ala, ananá, arará. Pavadas, palabras vanas. Ana las plasma. Agarra la cámara, las graba. Las manda a Canal A. Para ganar plata para pagar la lancha. Mas nada pasa. ¿Harán trampa?

Ana llama a Mara. Van a cabalgar hasta la valla. Las ranas cantan.
A Ana agrada Bandana, Kapanga...

A cara lavada, Ana, va al bar a danzar zamba, salsa, rap, lambada, La Bamba.
Adán trabaja allá.
Al pasar la farra, Adán llama a Ana. Ana va hasta la barra. Adán da grapa a Ana. Ana traga, mas aparta la jarra. Adán da naranjada a Ana. A Ana agrada más la naranja. Adán habla a Ana.
“¿Cansada?”
“Para nada”
“¿Vas a la plaza mañana?”.
“¿Mañana?”
“A la marcha.”
“Ah… Ya cansan tantas marchas.”
“Sacar a las ratas tarda, Ana.”
“La cana maltratará a la masa. Habrá matanzas. Dará gas a las caras. Sacarán la paz.”
“La paz falta, Ana.”
“Falta paz, falta plata, faltan ganas para marchar.”
“Marchar para matar, Ana. A sacar las armas, las balas.”
“La masa pagará, Alan.”
“La masa paga, Ana. Paga cada mañana al armar canastas, balsas, barcas… Ana, las ratas ganan, acaparan las bancas, mandan matar, sacan la plata. Pasan la raya. Las panzas claman basta. Las ratas alambran las granjas, arrancan las papas, mandan vacas a Panamá, a Praga, a Alabama. Para La Pampa, vacas flacas. La masa brama.”
“Mas papanatas sacan la lata para clamar a la banca, a Standard Bank, a las tasas altas, mas para las panzas, nada. Canallas, dan mantas, chanclas, lana, hasta plata para pagar las chanchadas. Abracadabra. Acá nada pasa. ¡Canallas!”
“Ya basta Ana, a agarrar las armas, a matar a las ratas. A bajarlas a balas, a taladrar las casas. A talar las alambradas. A trabajar, a agarrar la azada, amar la Pachamama. Al acaparar, matan, Ana.”
“Anarca.” Ana saca carcajadas.
“¿Anarca? Capaz… Valdrá la batalla. A callar la lata bacana.”
Ana baja la cara.
Adán la agarra. “¿Vas a la plaza?”
“A la rastra… A cantar malas palabras.”
“Mañana agarrá la faca. Amarrala tras la casaca, para taparla.”
“¿Falta para la payada?”
Adán salta la barra. Clama: “¡Payada para Ana! ¡Palmas, batan las palmas!”. La manada acata.
Adán canta:
“Camaradas, palmas bravas
Camaradas, palmas bravas
Ana clama la payada
Ana clama la payada
Adán llama a camaradas
Mañana a la mañana
a la plaza a sacar garcas.”
La masa brama.
Ana ama a Adán.

Adán gana al Black Jack. Salta la banca. La plata ganada banca la lancha para Paraná.
Adán apaña a Ana. Ana nadará tras la marcha.
Mas la marcha aplaza a Ana.
Ana traga gas. La cana la ataca. La faja. Adán agarra la faca. Ataca a la cana. Para la fajada.
Alza a Ana, aparta a la masa, la saca, avanza hasta la carpa blanca, la salvan.
Mas la lancha zarpa.
Ana, sangra, atada a la cama. Adán lava la cara para sanarla. Mala pasada. Las ratas ganan.
Tanta masa bacana, tanta cana papanata, tanta canallada abatata.

Adán, tan capaz, amarra cañas, las traba al atarlas, talla tablas. Arma la casa para Batata. Clava a la fachada la tabla tallada: “Batata macabra” para dar carcajadas a Ana. Mas Ana calla.
La mamá la llama cada mañana.
Adán agarra la cámara para grabar más anagramas. Mas nada pasa.
Adán, al alba carga a Ana hasta la chata. Van hasta la rambla. Ana ama las rayas anaranjadas al alba.
Adán, cara a cara, da carta a Ana. La carta clama palabras sagradas: “Adán ama a Ana”.
Ana abraza a Adán.
Amar calma. Aplaca.
Mas la paz falta.

Mañana tras mañana, Ana va a la rambla a armar canastas. Adán al bar a dar grapa a la masa, a cantar payada.

Mas la lava saldrá, saltará, habrá llamaradas tan altas… Nada las apagará. Satán apañará.

Falta.
Ya pasará.
Texto y fotografía: Veronica Mc Loughlin

INSULTOS


feo tonto malo bobo estúpido idiota ganso boludo pelotudo tarado puto puto de mierda conchudo conchudo del orto forro imbécil egoísta tacaño podrido basura sorete mierda caca caca con pis moco cera lagaña reventado rebuscado estirado reputo la concha de tu hermana de tu tía de tu madre y de toda tu familia ojalá te mueras pronto carcomido por un cáncer que te coma los huesos de a poco y los órganos y sientas el dolor de cada mordida del puto bicho que sos asesino genocida vaciador que te quedes vacío vacío de todo flotando en un limbo sin norte ni sur con dinosaurios y dragones que te quemen los huevos huevón no huevón no cobarde sin huevos yermo estéril infértil cagón miedoso tímido escondido agazapado sarnoso enfermo infectado sucio traidor

traidor mentiroso angurriento doliente doloroso hiriente lastimoso injusto olvidadizo olvidador rebuscado vueltero traidor traidor traidor creído egocéntrico marchito grandote al pedo inmaduro indeciso intruso metido lombriz víbora serpiente venenoso picador aguja asfixiante delirante loco loco feo toxico pegajoso adherente insoportable inolvidable imperdonable por doloroso

cagona tímida escondida insegura envidiosa victima victimaria torturadora gritona abusadora forra gansa ilusa inocente naif romántica setentista anacrónica fuera de moda mala suerte yeta piedra venenosa sucia fea tonta mala boba estúpida
marinera de agua dulce pirata coja malcogida puta barata puta arrepentida puta de mierda ladrona rompe hogares robacunas reventada baja soez malhablada maleducada malaprendida malenseñada malpensada sola abandonada desamorada desteñida mediocre fracasada frustrada a medio hacer devaluada adicta desmejorada desaliñada fea horrible gorda monstruo granosa leche sancor grasosa transpirada maloliente asco vómito

injusto, desigual, inhumano, egoísta, resentido, vengativo, violento, agresivo, defensivo, barrabrava, exigente, remolino, batidora, picadillo, fritura en mal estado, grasa, aceitoso, resbaladizo, inestable, inseguro, incompetente, inmoral, inmediato, intrascendente, intransigente, rebalsado, rebosado, descansado, fiaca, haragán, vago, inútil, irresponsable, incomprensible, lejano, distante, apartado, desgastado, añejo, antiguo, posmoderno, picapiedra, irrespirable, desafinado, desconsolado, desairado, desoxigenado, podrido,

terca individualista solitaria caritativa barata regalada insatisfecha despareja amontonada destrozada sin arreglo rota despedazada desmembrada angulosa filosa cínica insultante acida bromista de mal gusto cargosa pegajosa insoportable pesada derretida inmunda irrespirable asfixiante desconfiada imbécil bruta lela ciega sorda y muda buchona facha reaccionaria botona desleal infiel traidora

inmundos, bazofias, basuras, bochornos, vergüenzas, deshonras, escupitajos, reburjitaciones, eructos, pedos, ecos, nadas, nadies, ceros a la izquierda de otro cero, fotocopias, fotoduplicaciones, bufones, blasfemias, inundaciones, desgracias, bluf, recopilaciones, pasados, diablos, malhechores, hacedores de nada, inacciones, actos escolares, patoteros, enriquecidos, ladrones, corruptos, revoltosos, duros, colgados, increíbles, drogados, siniestros, terroríficos, malvados

chusma buscona metereta inmune impune disimulada deshonesta revirada retardada remixada oxidada vieja trola prostituta sin vocación conformista glotona pudorosa remilgada fina chic mirtha legrand susana giménez descabezada descerebrada desconcentrada almidonada suicida golpista fascista trituradora de ideas inculta analfabeta desordenada pulcra fifí negadora inaceptable tramposa falsa trunca maltrecha renga

cholulos caretas poco creativos inorgánicos inútiles ingrávidos descomprometidos posmodernos tapados inodoros cobardes burgueses aislados malos sin talento amarillistas noveleros escandalosos putrefactos deshacedores destructores destructivos homicidas fútiles pocos cortos plomos angurrientos buitres chupasangres bolitas paraguas judíos negros putos racistas xenófobos harapientos linyeras vagabundos sin rumbo desorientados perdedores últimos

reclamadores incomprensivos envidiosos competitivos irrespetuosos metidos opinólogos desamorados desafectados interesados egoístas desplumados delincuentes imperdonables resentidos escondidos olvidadizos hongos llamadores de atención sin fe descreídos distintos desintegrados deshilvanados deshilachados desmejorados enfermos engreídos empecinados sordos cuadrados embobados estupidizados televisados computarizados globalizados desocializados desconsolados desolados desmoronados descamisados desabotonados automatizados automáticos autómatas repetitivos desconfigurados virósicos contagiosos purulentos puses explosivos eruptivos escupidos exprimidos secos

nabos insípidos inoloros inodoros inanes invertebrados inconsistentes pérdidas de tiempo grises embarrados entubados enquistados empolvados cubiertos despoblados destronados destituidos desapoderados desarmados desbolados complicados rebuscados enredados confusos inciertos


Fotografía: Lina Etxesuri
Texto: Veronica Mc Loughlin