EL MUNDO Y YO

Estaba yo muy tranquila, un domingo, en mi casa,
cuando El Mundo muy nervioso se asomó por la ventana.

Estaba descolorido. Se lo notaba muy mal.
Me pidió un vaso de agua y se dispuso a explicar.

Me dijo: “Escribí querida, te tengo algo que dictar.
Contale a tus colegas que el mundo se va a acabar.

Imagínense mi cara con esta visita en casa.
Sentada sobre mi silla no podía contestar nada.

El Mundo me dijo: “¡Pronto, que no me siento muy bien!
Anotá lo que te digo, y luego verás qué hacer.”

Yo muy muy muy confundida tomé un lápiz y un papel.
El Mundo me fue dictando palabras con gusto a hiel.

Me habló de guerras y hambre.
De niños que iban muriendo.
De pueblos bajo las aguas.
De risas en el infierno.

Cuando El Mundo hizo una pausa, me correspondió decir:
Mundo querido, disculpa, pero esto no va a servir.
Ya se pasaron de moda las canciones de protesta.
Nadie querrá escuchar esto. Ahora se van de fiesta.

El Mundo muy descompuesto me miró fijo a los ojos.
Me dijo: “A mí qué me importa” y se puso mis anteojos.
“Con razón nada funciona, si miran con estos vidrios
que les acomoda todo y corre los precipicios.”

Yo ya no entendía nada, El Mundo estaba borracho,
y el agua que le había dado lo puso en peor estado.

“Querida niña, te aviso que no sos una elegida,
sólo que andaba vagando y se me abrió otra herida
y ya no aguanto el dolor. Avisale a tus amigos
que pronto el mundo se acaba, y todos juntos conmigo.”

Cómo explicarles a ustedes la mezcla de sensaciones.
Mundo dictando palabras para componer canciones.

Y yo que no se de música, no paraba de escribir
Y cada tanto miraba al mundo y su devenir.

Me asustaba su carita, triste y desmejorada.
Yo lo pensaba más fuerte, y me desilusionaba.

Con el resto de saliva que al Mundo le iba quedando
me habló de cifras terribles y de imágenes de espanto.

Yo decidí no incluirlas en este boceto de hoy.
Pero se parecen bastante a las que hay en televisión.

Y no se qué final darle a tan triste situación.
El Mundo por ahí anda,
cada vez más triste. Más rezongón.
El maltrato logra esto…
Y sino fijate en vos…

Texto: Verónica Mc Loughlin