SUBTERRANEO

El sol en la ventana de la cocina.
Las hojas aún verdes de los árboles.
Cierto fresco del otoño.
Primer saco de la temporada.
El cielo muy azul.
Hombres en la esquina.
Estación de subte.
El altoparlante chilla: "Personal policial para la estación Callao".
Una mujer pregunta.
Un hombre alto explica: "Está lleno de chorros".
Señala un joven con remera de boca.
Dice que es chorro y falopero.
Yo lo miro, a él, no al joven.
Subo al tren y me siento.
Un viejo con remera verde reparte estampillas.
Tiene medio trasero fuera del pantalón. Y no le importa.
Una mujer lo mira.
Luego me mira.
Suspira y sonríe.
Le sonrío también. No se qué otra cosa hacer.
Por la derecha un hombre calvo pega volantes sobre la puerta del tren.
“Discrette Sex Shop”. Así dice.
Vuelvo a reírme, esta vez sola.
Mi mirada continúa su recorrido.
Llega una pata de palo. Es un hombre que camina con ella.
Volví ayer a Buenos Aires.
¿Renové la percepción?
Quizá.
Solo en una estación, de Los Incas a Tronador. A las 13.50 del lunes 6 de abril.
Me sumerjo en la lectura.
Que la ficción me salve.
Hoy no puedo con tanta realidad. 

Texto y Foto: Verónica Mc Loughlin

No hay comentarios: